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Mamá, me quiero morir
Tenía tan sólo trece años, con su cartera sobre los hombros iniciaba una nueva etapa en su periplo escolar. Atrás quedaba el colegio de primaria, donde había aprendido lo básico, siempre protegida por el paternal trato de los, no siempre bien valorados, “maestros de escuela”. Empezaba una nueva vida en el instituto, nuevos compañeros, nuevas experiencias, nuevas sensaciones más cercanas a la adolescencia y cada vez más alejadas de la primera infancia… todo marchaba bien: buenas calificaciones, alegría y nobles pensamientos de futuro. Pero todo se truncó, de ser una niña pizpireta y alegre, su carácter se tornó en hosco y hostil, sus felices sueños se mudaron en tristes pesadillas, desapareció el apetito y las lágrimas poblaban su rostro con una asiduidad pasmosa. Tristeza, pena, desolación, impotencia, eran los adjetivos que definían su existencia y la pregunta saltaba a la palestra, ¿Por qué?, ¿Serían los cambios hormonales propios de la edad?, ¿Inadaptación al nuevo centro?, ¿Dificultad ante los retos de una nueva etapa académica?
Sus padres, siempre atentos, mostraban honda preocupación por el estado anímico de una hija, hace meses brillante y responsable, y ahora sumida en un terrible estado de desesperanza. Preguntas sin respuesta inundaban el ambiente hasta que un buen día confesó: “Mis compañeras me insultan, critican mis logros y agrandan mis defectos, no me siento bien con ellas y me dejan apartada en el recreo, incluso alguna ha llegado a agredirme físicamente con un “inocente” cogotazo acompañado de feas expresiones…”. Tras el relato, la chica nubló su rostro y llorando a lágrima viva soltó un desgarrador “me quiero morir”.
Dramáticas palabras en boca de una adolescente de 13 años recién cumplidos que quitan el aliento. Palabras que, denotan una terrible situación en las aulas y, tal como leemos en los periódicos y vemos en los telediarios, se repiten por toda la geografía española con demasiada asiduidad.
¿Por qué tanta tiranía en nuestras aulas?, ¿Estamos criando a una generación de maltratadores?, ¿En realidad, son los escolares tan zafios o es el panorama social actual lo que induce a tan reprobables comportamientos?. ¿Cuál es el objetivo?, ¿Secar al que destaca, modular su carácter hasta tamizarlo dejándolo plano, normal y cotidiano?, ¿Es propósito de los nuevos tiempos anular al brillante y convertirlo en sombra de su sombra?, ¿Hay freno para tan mal rollo en las aulas?.
En mi modesta opinión, considero que escuela y familia deben enfrentarse de cara a este problema, padres y profesores han de estar unidos para ayudar a un hijo o alumno acosado y denostado por los compañeros y compañeras. Si se formulase la pregunta de si hay solución, la respuesta rotunda es ¡ SI ¡. |