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Nosotros le pagamos la merienda
No sé qué me ocurre cuando el verano se marcha. El tradicional buen humor que gasto se torna en mala leche, ¿por qué será? Supongo que la explicación la impone el tiempo, de pasar las tardes en una terracita sin tener que mirar el reloj, a tener que madrugar para ir al curro, a tener prisas para todo, a pillar algún que otro atasco…
También en Sayago se notan los efectos del mal rollo otoñal; la inyección de población de Julio y Agosto deja de tener efectos y, a partir de mediados de Septiembre, quedan los de “plantilla”, los que tienen que cortar la leña para que en invierno los niños no pasen frío, los que se tienen que levantar a las siete para ordeñar el ganado o arrancar la excavadora para realizar alguna obra, los que, como otras veces he dicho, nos “cuidan” Sayago para que lo disfrutemos tan tranquilo, tan verde, tan bonito como siempre.
Mientras los de plantilla se afanan en cuidar lo nuestro, a decenas de kilómetros, algunos políticos y técnicos de la administración redactan costosos planes de “desarrollo”. Una retorcida lotería donde, muy de cuando en cuando, a Sayago le toca la devuelta.
En esa oscura apuesta nunca jugamos a caballo ganador, y si cae algún premio gordo es en forma de cementerio nuclear o central hidroeléctrica. Desgraciadamente, vivimos de espaldas al desarrollo, de espaldas o de perfil, pero nunca de cara.
Algo cae, con retraso pero cae, lean mi artículo del mes pasado y verán que se hacen cosas, que Sayago no se muere, que resiste con el mismo espíritu que nuestro padre Viriato ante la invasión romana… pero, ¿de dónde salen las iniciativas? Alguna limosna de la Unión Europea, alguna cosita de la Junta, el empeño de algún particular… pero insuficiente para lo que necesitamos.
No hace falta hurgar mucho para ver que hay cosas que están mal. La carretera de Bermillo a Fariza es un patatal, la de Almeida a Carbellino idem de lo mismo, las vías de la zona de Moraleja nos recuerdan a la España de la posguerra. Y no sólo hablo del firme de las carreteras, hablo de hierba de dos metros de alto en muchas cunetas, hablo de falta de indicativos turísticos… prueben a viajar al Castillo de Asmesnal y sabrán de que les hablo…
No quiero resultar vehemente pero, no estaría mal algún acto de queja, algún pataleo necesario para que se nos oiga… una protesta cívica, un escrito bien redactado, una cacerolada que saque a algunos de su poltrona y les remueva la conciencia. No podemos consentir cosas como los dos contenedores de plástico y papel que, en verano, estaban empotrados en el ábside de la parroquia de Bermillo o que nuestros jóvenes se sigan matando en las carreteras de la comarca por culpa de la ineficacia del servicio de vías y obras. No podemos consentir que, en Torrefrades, la señora Estefanía no pueda salir de casa cuando cae una tormenta porque, cuando asfaltaron su calle, la tapa de desagüe quedó entoñada.
Y yo le digo a quien corresponda (alcalde, diputado, ministro), ¿imagínese que su hijo sufre un accidente, que su madre no puede salir de casa, que su pueblo va a ser la futura sede de una central nuclear? Póngase en la piel del afectado, coja el coche, camine un poquito por los pueblos de Sayago, escuche las demandas de la gente… no se preocupe por la merienda, nosotros se la pagamos. |