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A mi abuelo, “el Joaquín Calderero”
Querido abuelo, hace tiempo que no voy por Fermoselle a visitarte. Ya sabes, el ritmo de vida de la gran ciudad y los compromisos laborales y académicos evitan que pueda ir más a menudo a verte y darte un abrazo como Dios manda.
De todas maneras, sé que te encuentras bien, que eres feliz en tu pueblo, en la residencia, y que exhibes una amplia sonrisa y el buen carácter de siempre.
Por eso aprovecho este pedacito de papel que me deja mensualmente El Adelanto de Sayago para dedicarte unas palabras, porque, a pesar de la distancia, siempre te tengo presente y aplico en la vida diaria los consejos que sabiamente me dabas desde que era bien pequeño.
Recuerdo con nostalgia aquellas tardes de estío, cuando, mientras nosotros inundábamos tu taller de juguetes y otros cachivaches, tú seguías en tu labor callada, junto a la mesa de trabajo, reparando con extrema minuciosidad un bombo de fertilizante, tapando a base de estaño y soplete los agujeros de alguna cacerola o afilando cuchillos con aquel artilugio chisporroteante que nos dejaba a todos embelesados.
Recuerdo también tus manos, enormes pero ágiles, capaces de reparar desde un mechero hasta lañar un baño de cerámica. Manos que han trabajado por todos los rincones de Sayago y Norte de Salamanca, en tu faceta de hojalatero, cristalero y, sobre todo, fontanero.
En Fermoselle, entre las peñas, has dejado verdaderas obras de arte en plomo, galvanizado y cobre… realizando uniones trabajosas, a golpe de terraja, en lugares prácticamente inaccesibles.
Si algo hay que destacar en tu trayectoria profesional es la constancia, voluntad, honestidad y el mimo puesto en la tarea, para que lo realizado dure, y no haya que volver al día siguiente.
En el trato con los demás colegas de profesión, jamás hiciste una mala jugada, aún en esos momentos difíciles en los que abunda la competencia y faltan los encargos.
Y como no, al lado de un gran hombre siempre hay una gran mujer. Mi abuela Conchita, excelente esposa, secretaria ideal, madre… y aunque desgraciadamente, nos dejó hace casi cuatro años, siempre estará presente en nuestros corazones.
Querido abuelo, hasta aquí llega mi sencillo homenaje, lamentablemente, todo espacio es poco para hablar sobre ti, tu calidad humana y tu destreza profesional. Un abrazo fuerte, tu nieto.
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